Monday, February 15, 2010

Ante la muerte de Fernando Valerio, Joaquín Jiménez Maxwell arremete contra los “políticos de ocupación”.

Por Joaquín Jiménez Maxwell
El Presidente Leonel Fernández hizo su pasantía de periodismo en Radio Mil Informando, pero nadie en su gobierno se acordó de Fernando

Dentro de la narración del bien documentado curriculum de nuestra estrella de la locución informativa, comercial y musical, que destacaron a nuestro colega y amigo Fernando Valerio (La Culebra), José Francisco Núñez ha tocado un tema lastimosamente real; pero tan doloroso como su muerte a destiempo y la ingratitud de los políticos a quienes con su destacada labor contribuyó para que hoy tengan fama y fortuna

La indiferencia de todos los políticos de ocupación frente a los locutores y periodistas que expusieron sus vidas y otros asesinados por su lucha en pro de una democracia verdadera desde 1961 hasta 1978, en una lucha a muerte frente a los poderosos asesinos de las fuerzas armadas y la Policía Nacional, así como frente a los sicarios de la CIA.
Desgraciadamente, los gobiernos perredeístas y peledeístas pintados con el rojo de sangre reformista de los 12 años, se olvidaron de quienes trincharon el camino a fuego y sangre para que hoy puedan derrochar el poder y recoger el producto del sacrificio de los comunicadores sociales, desde 1964 hasta 1978.

 
En la mañana no escucho los programas informativos de la radio y televisión para no amargarme el día con las actuaciones y declaraciones de quienes nos gobiernan; prefiero leer la prensa gráfica porque el titular me anuncia si debo leer determinada noticia, como por ejemplo:
 Hastiado de la evidente ineptitud demostrada durante más de 40 años, por nuestros tradicionales políticos de ocupación, ha surgido un movimiento de ciudadanos que está solicitando a la Junta Central Electoral, que le agregue a las boletas de las próximas elecciones una casilla donde diga “voto por NINGUNO”.

 Pero inesperadamente un destacado periodista dominicano, que todo parece indicar vive en Suiza, publicó una pequeña crónica, donde exterioriza su oposición a tal iniciativa y dice en su primer párrafo:

 
“De seguro que los muchachos que promueven el “Ninguno” como opción política, no conocen la historia de este país y sobre todo, lo que costó tener derecho a elegir y ser elegido”.

¡Cuanta ingenuidad! (¿?). Precisamente los promotores del “ninguno” ya no son muchachos; sino los sobrevivientes autores de aquellas luchas por la democracia y que tristemente los que hoy detentan el poder, ya no recuerdan.

 
Obviamente, en el presente sólo se reconocen a los comunicadores cómplices del gobierno; parásitos políticos que reciben generosas pensiones de por vida y otros privilegios; pero los que lucharon exponiendo su vida como Fernando Valerio, en la apertura del camino de la democracia, mueren solos y desamparados.

Quizás perdone al citado articulista por su histórica desubicación, así como a funcionarios del presente gobierno; pero no así al Dr. Leonel Fernández, quien como periodista de pasantía en Radio Mil, desde el 5º piso del edificio Metropolitano, y desde la sala de redacción pudo observar y evaluar el combate de los comunicadores sociales en contra de la dictadura balaguerista; labor periodística gracias a la cual es hoy el Presidente de la República y protector de sus antiguos verdugos reformistas.
¡Que nuestro querido amigo y colega descanse en paz!

Maxwell
j.maxwell@codetel.net.do

Friday, February 12, 2010

Los Tres "Mosquiteros"

José Francisco Núñez


No vayan a pensar, amigos lectores, que el encargado del Typesetting cometió error alguno al escribir el título de mi columna. En ningún momento he querido decir “Mosqueteros”, sino “mosquiteros”.

No hay dudas de que los tres protagonistas de este relato tenemos, en cierto modo, alguno parecidos con Athos, Porthos, y el jesuita Aramis, esos interesantes personajes de la novela de Alexandre Dumas (padre), titulada originalmente en francés como “ Les Trois Mousquetaires”. Aunque no fuera así, siempre habrá a nuestro alrededor un D'Artagnan, tendremos el compromiso de proteger a alguien, aunque no se trate de la reina Ana de Austria y alguien contra quién combatir, aún cuando no sea un Cardenal Richelieu o una Lady de Winter.

De todos modos, los tres pudiéramos acercarnos más a la figura de Aramis por aquello de haberse dedicado a las funciones clericales.

Como bien saben muchos de nuestros lectores, aunque no lo parezca, Mosquetero y Mosquitero tienen mucho en común, de modo que uno puede ejercer las funciones definidas en ambos términos apropiadamente. Veamos: El diccionario ofrece la siguiente definición acerca de la palabra Mosquetero: “Soldado armado con mosquete”. El moquete es una especie de fusil antiguo de alto poder, el cual era usado por los guardias para proteger vidas y bienes de algunos potentados.

En cuanto al término Mosquitero es definido del siguiente modo: 1)“Especie de cortina de gasa o tela fina que se coloca colgada sobre la cama y cubriéndola para impedir que piquen o molesten los mosquitos”.

2) “Tela metálica o de otro material, muy tupida, que se pone en puertas y ventanas para impedir que entren insectos”.

Como bien se puede observar, en uno y otro caso se trata de una especie de “protector”, cuya función consiste de cuidar de alguien, protegerlo y defenderlo de ciertas especies, ya se trate de un ser humano o de una alimaña. Que conste, también en este último caso se pueden ser las dos cosas al mismo tiempo.

Casi desde nuestra propia infancia, en numerosas ocasiones, a mi equipo, “el grupo de los tres”, nos ha tocado la función de servir de Mosquetero o Mosquitero a personas que nos han considerado poseedores de la idoneidad necesaria para servirles de “mentor y guía”, o con suficiente caparazón como para defenderles, aún cuando tengamos que enfrentarnos a individuos tan poderosos con el Cardenal Richelieu.

Al escogernos para desempeñar tan complicada función posiblemente no se han equivocado. Donde la han metido “hasta donde le dicen Cirilo”, es al creer que nuestra trabajo no tiene que ser adecuadamente retribuido, aún cuando, para ser honesto, siempre ha sido reconocido.

Unas veces hemos tenido que desempeñarnos como Mosquetero, otras como Mosquiteros, y en ocasiones como las dos cosas a la vez. Casi siempre nos encontramos en la línea de fuego, listos para proteger al rey o a la reina. Siempre lo hacemos con gusto, con disposición y apegados a los más elementales principios de la solidaridad humana. Pareciera incluso, que, aun cuando protegemos las puertas del palacio, no nos interesa para nada saber qué cosa hay en su interior, qué come la reina o qué toma el rey.

Aramis, quien suscribe, Athos (para el presente caso léase Arthurus) y Porthos, que en este caso llamaremos “Ehusebius”(este por cierto no se parece Porthos, pues por el contrario, no es vanidoso, hablador, ni ha cortejado la esposa del gobernador), casi siempre, sin proponérnoslo, tenemos que introducir las manos en “la candela”, para sacarle las castañas del fuego a alguien.

Como relataba anteriormente, unas veces actuamos como Mosqueteros, otras como Mosquiteros, y; en ocasiones como ambas cosas a la vez. Casi siempre que nos juntamos, nuestras conversaciones no tienen que ver con asuntos nuestros en particular, sino con situaciones extrañas que se presentan en nuestro entorno y como de costumbre, terminamos analizando situaciones que nos dejan poco beneficio, al menos, en el orden metálico.

Últimamente, nos hemos estado preguntando por quién “carijo” y mediante qué decreto hemos sido nosotros designados para desempeñar tan complicadas y delicadas funciones al servicio de algunos engaña bobos.

En estos días en una acción trilateral decidimos tomarnos un descanso, una pausa. Hace unas semanas disfrutamos placenteramente en la enramada de la casa de una amiga común, donde degustamos un suculento manjar rodeados de patos, tortugas, peces de colores, en el marco de un grandioso y profundo lago y decenas de frondosos árboles frutales.

Mis dos compañeros juran y perjuran que, a pesar de todo, estamos viviendo nuestros mejores tiempos. “Sin embargo, como que nos falta algo”, concluían. En principio pensamos establecer una fundación sin fines de lucro para seguir ayudando, protegiendo a humanoides, pero hemos decidido conseguir nuestras respectivas licencias de Pastor y fundar una congregación que he denominado “Iglesia al Servicio de los Santos de los Mejores Días y Los Tres Mosquiteros”. Todo está bien claro, el destino nos ha escogido para salvar almas. Aunque nadie nos saque nuestras castañas del fuego cuando están cogiendo candela.

Fernando Valerio: “No quiero llanto”


José Francisco Núñez


Debo admitir que aunque nunca tengo prisa, creo que en ocasiones sufro del “síndrome del desesperado”, condición que no sé si existe científicamente, pero la que considero se apodera de mí en momentos especiales.

Resulta que al enterarme de la “muerte anunciada” de mi colega y amigo Fernando Valerio; y conociendo la situación por la que venía atravesando, tanto en el aspecto físico como socio-económico, no podía esperar a observar las imágenes de todos los que acudirían a su velatorio y posteriormente al sepelio. Imaginé la presencia allí de “Funcionarios, autoridades civiles y militares, así como representantes del Clero y la Sociedad Civil”.

Es lógico que así fuera tratándose de un profesional de su talla, que en más de una ocasión puso en peligro su vida con la lectura de noticias y “Co-men-tan-do”, gracias a lo que en parte debemos la democracia que hoy disfrutamos, por cierto, con una buena dosis de libertinaje. Su voz surcaba las ondas radiales desde Radio Mil, situada en el corazón Villa Juana, precisamente en las cercanías de donde operaban algunos de los “cuarteles” de las huestes paramilitares de la década del setenta.

Eran tiempos difíciles, en los que todavía mucha gente creía que todo cuanto leía el locutor era escrito por él y no por otra persona ubicada en la sala de redacción. De ahí que las bombas, las golpizas o amenazas eran dirigidas tanto al periodista como al locutor de noticias. Ciertamente, el enemigo era lo suficientemente hábil como para detectar, basándose en el tono empleado por el profesional del micrófono, si este estaba de acuerdo con la nota que leía. Incluso, por el lenguaje y estilo utilizado podía advertir quién escribió el comentario o editorial, aunque no se mencionara el nombre del autor.

La profesionalidad y el sentimiento que todos estos hombres transmitían al oyente parecían estar inspiradas por alguna entidad divina. Recuerdo una tarde en la que me eché a llorar al escuchar al maestro Bueno Torres leyendo un “CO-MEN-TAN-DO”, criticando los desmanes de la Banda Colorá. Cada día se escuchaban en Radio Mil Informando los comentarios y editoriales contra la represión, unos leídos por Bueno Torres, otros por Joaquín Jiménez Maxwell, director general de Radio Mil y Radio Mil Informando, y otros por Wilfredo Muñoz, al igual que por Fernando Valerio. No solo eran maestros de la locución, sino hombres de coraje. Muchos locutores y periodistas se salvaron “de chepa”.

Lo mismo ocurría en Noti-Tiempo y la Historia de la Noticia en Radio Comercial. Me resulta imposible olvidar a Juan Bolívar Díaz, y los locutores Pedro Pérez Vargas, Darío Aracena, Reynaldo Balcácer, Miguel Núñez y Johnny Díaz; a quienes en parte debo mi carrera profesional. También ocurría en Radio Continental con Radio Reloj Nacional, donde Luís Armando Asunción lo arriesgaba todo y con quien trabajó Valerio por muchos años. Mas tarde, pero por corto tiempo, pasaba lo mismo en Radio Popular con Pérez Vargas, Wilfredo Alemany y Jorge Herrera, quien corría todos los riesgos cuando diariamente, de manera inesperada y con tono amenazante soltaba aquella expresión que rezaba: ¡Pero no se apuren…! Eran profesionales de alto calibre, donde no se usaba la compra-venta por parte del gobierno de turno o los políticos de oposición. En otras palabras, eso no se vendía en botica.

De ahí viene Fernando Valerio, hacedor junto a otros muchos profesionales de la pluma y el micrófono de nuestros políticos de hoy, muchos de ellos mal agradecidos y sin memoria, que olvidan que si no hubiera sido por voces como las de él hoy día seguirían, unos ejerciendo en sus empolvadas ciudades, montando en carros de concho, y muchos otros sembrando batata y yuca, sin que nadie supiera de sus existencia.

La última vez que hablé con él fue en una ocasión que me llamó desde Tampa. Me hizo saber que aquellos políticos y politiqueros a quienes ayudó a conquistar fama y fortuna se habían olvidado de él tirándole la puerta en la cara y que la única persona que le seguía tendiendo la mano era su primo Pedro Díaz Ballester

No hace mucho se me salió el alma del cuerpo al leer una nota en el periódico digital Severo Rivera/Revista Informativa, acerca de su situación y en la que el autor daba cuenta de que un grupo de locutores, encabezado por el colega y hoy destacado psiquiatra Manuel Mota Castillo estaba organizando una “Cadena de Amigos por Internet” para que aportáramos una pequeña cuota mensual con el fin de darle una pensión a nuestro querido colega, ante la escasa probabilidad de que el Estado se la otorgara. A la campaña se unieron de inmediato Rubén Darío Aponte, Ramón Sanabia, Joe Martínez, Ramón Aníbal Ramos y Hugo Adames, entre otros.

La nota anterior de la revista se derivaba de la siguiente comunicación titulada: “Lo que escribió Manuel Mota”. “Honorables: Hace poco que le escribí a una persona que es amiga del Presidente para pedirle que le solicitara al Ejecutivo una pensión para nuestro amigo. Como no hay garantía de que ese pedido llegara a su destino, quiero sugerirles que arreglemos nuestra propia pensión para Fernando.

Quizás con los medios de comunicación disponibles (el blog de R.A., la radio de Sanabia y Hugo Adames y otros más) podamos reunir un grupo que se comprometa a una suma mensual y uno de ustedes se haga responsable de enviársela a la RD. Me inscribo con $25.00 para “echar la bola a rodar” pero cualquier cantidad podría ser bien recibida. Me explico, un antiguo radioescucha de Fernando que solo pueda aportar $5.00 mensuales sería bien recibido. Por otro lado, si solo hay 3-4 voluntarios entonces mi aporte puede ser de $50.00. Por favor, me dejan saber si les parece bien la idea”.

Todavía en pleno siglo XXI hay quienes mantienen la teoría de que “los líderes (políticos) nacen, no se hacen”, algo que particularmente yo considero un craso error, pues si no fuera por nosotros, periodistas y locutores, muy pocos conocerían y mucho menos seguirían a alguien que no aparece en los medios de comunicación. Nótese que la labor del periodista y el locutor consiste en hablar de otros, jamás de sí mismo, pues en ese caso se violaría la ética profesional, la cual por cierto hace mucho comenzó a escasear.

En lo que a mi respecta, soy de los que se arrepienten de haber contribuido durante mi ejercicio profesional en mi país a crear tantos héroes y líderes de piedra, no de barro, porque en todo caso, si fueran de barro uno podría hacerle un hueco y meterle un corazón, aunque fuera de cerdo. Quiérase o no, como estrella de la locución dominicana, con su voz excepcional y su profesionalidad radial, Fernando Valerio aportó mucho a nuestra democracia, aunque fuera leyendo lo que otros escribían, después de todo, ninguno de los que le redactaron, por mucho que lo sintieran lo habrían podido comunicar como él.

Si usted pudo y no hizo nada para ayudarle cuando le necesitó, no creo que a Fernando le interese su llanto. Por cierto, no creo que a mi amigo, el periodista José Alberto Sánchez - Sanchito, le haya importado. Total, tampoco le concedieron la pensión. “…Unos van alante, y otros van atrás…”


Tuesday, February 9, 2010




Historias espeluznantes:

Mi abuela, la chiva y el Segundo Alcalde

(De manera casual, la publicación de este trabajo coincidió con la puesta en circulación en Rep. Dominicana del libro "La Comarca de Don Félix", escrito por mi amigo y compañero Francisco Sandoval; en el cual se narran curiosos eventos ocurridos en la región).

José Francisco Núñez


Río Grande, el campo en donde nací, es uno de los lugares más bellos e interesantes que he conocido y el cual llevaré por siempre en mi corazón. Es un hermoso valle que pudiera definirse como una parte del final de la falda del pico Diego de Ocampo. Está mi productiva aldea llena de interesantes historias, y en una gran parte de ellas, de algún modo ha estado involucrado, de manera directa o indirecta, mi abuelo materno Fabián Núñez.

Mi abuelo fue designado en 1931 por su compadre Chano Vargas (tío de Wilfrido), como Alcalde Pedáneo de la Sección de Río Grande, Altamira, Puerto Plata. Desempeñó esa posición de manera ininterrumpida durante 30 años, y él mismo, con el aval de su compadre designó a su sustituto, cuya responsabilidad recayó nada más y nada menos que en la persona de mi padrino, Modesto García. Como Segundo Alcalde designó a su ahijado Modesto Cueto (pura casualidad, pienso yo).

Por las noches, en diversos puntos de mi apacible campo, abundan los muertos, las ánimas en pena, las brujas y los bacás. El bacá es un extraño espectro que protege a ciertas personas cuando hacen un pacto con el diablo en su afán de acumular grandes fortunas.

De acuerdo a los expertos de mi región, pactar con el “enemigo malo” resulta sumamente fácil: Usted solo tiene que tomar un clavo, mientras más largo mejor. Lo clava en una palma y mientras lo golpea llama tres veces al “pecucio”. Cuando el tipo de los cuernos se aparece, usted negocia con él y llega a un acuerdo. Como cualquier institución bancaria de este tiempo, el “diantre” no acepta cualquier pendejada a cambio. Comúnmente le pide que, en la medida en que usted se va haciendo más rico le vaya entregando algunas “pequeñas cosas”, como por ejemplo, un ser querido, especialmente un hijo o a su mujer.

Las brujas de mi campo no eran las hechiceras que se dedican a curar o adivinar. No.

Eran mujeres que volaban por las noches y que iban a hacerle daño a alguien, especialmente algún comerciante que estuviera prosperando y haciéndole competencia a su marido, algún amigo cercano o sencillamente a una persona que contrataba sus servicios.

Mi campo contaba con expertos tumba brujas. Es muy fácil bajar una bruja de su escoba. Solo tiene que utilizar hojas de Salvia, Ruda, Ajonjolí con Sal… y ¡Punn, e’pa abajo que va!. Como la bruja quedaba adolorida y dándose retorcijones cuando caía al suelo, con frecuencia el tumba brujas la aprovechaba si estaba “de buen comer”. Para evitar que le salieran los muertos, o ánimas en pena, usted solo tenía que colgarse una crucesita de tela con Alcanford adentro y meterse unas hojitas de Ruda en los bolsillos. Para espantar al diablo o a un bacá cuya cercanía o presencia se detectaba por el fuerte olor a Azufre, solo tenía que rezar el Magnificat Anima Mea.

Cuando Modesto Cueto dejó la posición de Segundo Alcalde de Río Grande, el entonces Síndico de Altamira designó a un señor llamado Dominguito, hombre bajito de estatura, rechoncho y con fama de guapetón. En vez del “Pata de Mulo” que le asignaron a mi abuelo en 1931, a Dominguito le dieron un moderno revólver calibre 38, el cual no se quitaba de la cintura ni cuando iba al baño.

Al nuevo Segundo Alcalde le encantaba la parranda, y no había fin de semana que no cabalgara decenas de kilómetros buscando fiestas, mujeres y ron.

Doña Ignacia, mi abuela paterna, vivía en un lugar llamado La Travesada, Palmar Grande, pero los fines de semana acostumbraba visitar a una hermana que residía en Río Grande Arriba. En una de esas visitas su hermana le regaló una chiva. Como el camino era tan largo, durante un trecho mi abuela llevaba la chiva caminando junto a ella y durante otro se la ponía sobre la cabeza para que el pobre animal descansara.

Al llegar a un lugar llamado “El Cumbí”, ya era como la una de la madrugada, la hora favorita para el diablo y los bacá salir a transitar los oscuros caminos. El bacá tiene un solo ojo (en la frente) y acostumbra viajar largas distancias visitando las diversas propiedades de su amo, ya sean establecimientos comerciales o fincas.

De tanto caminar, mi abuela y la chiva estaban bastante sudadas, tanto, que casi olían a Azufre. Cuando Dominguito sintió el olor enfocó su linterna hacia un extraño bulto que, según él, se le venía encima. Sacó su calibre 38 y de manera despiadada le entró a tiros al bulto, provocando que el espectro exhalara un intenso berrido en medio de la penumbra. ¡Beee-e-eee b-bee-e-e-e!, se escuchó sórdidamente.

Mientras el Segundo Alcalde seguía disparando, no paraba de rezar el Magnificat Amina Mea, pero como estaba borracho no dio en el blanco con un solo tiro y en medio de la lluvia de disparos el extraño aparato continuaba su marcha como si nada estuviera ocurriendo.

A las tres de la mañana todos los que dormíamos plácidamente sobre los suaves colchones llenos de hojas secas de de plátano mezcladas con lana, sentimos que nos derribaban la puerta de la casa, mientras una voz gritaba desesperadamente “Don Fabián, ay, Don Fabián, por favor présteme su Pat’temulo que tiene mucho más pólvora que este jodío revólver… ¡Acaba de salirme el bacá de Don Féli Enrique y le vacié tó lo tiro y no le pude hacer ni mierda….Don Fabián…Don Fabian….”!

Los muchachos y mi abuela Mamá Monga nos levantamos sobresaltados, pero mi abuelo se mantenía totalmente calmado. “Dominguito, qué fue lo que tu viste”, preguntó mi abuelo. “Oh, Don Fabián una jodienda rarísima con la cabeza grandota, grandota; esa cosa me echó un grito que se oyó hasta en el infierno. Le juro que era el bacá de Feli Hnrique que parece que venía de vigilar el almacén de Ramón Bonilla, usted sabe que él es el esposo de su hija y siempre lo protege…”

“Ja, ja, ja, ja”, se carcajeó mi abuelo mientras Dominguito abría los ojos como dos petacas. Mi abuelo continuó: “No seas tú pendejo Dominguito, el bacá que te salió a ti fue Ignacia, la abuela de Frank, hace un rato pasó por aquí para que yo de diera el papel para poder trasladar una chiva que le dio su hermana en Río Grande Arriba. Ahí tengo el duplicado…..”.

Mi abuelo lo invitó a pasar y lo sentó en una silla, donde dormitó y roncó a las siete de la mañana, momento en que mi tía Mochola le despertó para servirle un suculento desayuno. Tomó agua y se marchó en su caballo. Al llegar al río llamado la Catalina, de acuerdo a la versión de una señora que estaba lavando, Dominguito lanzó el revólver a la corriente al tiempo que vociferaba “Gran vaina me regaló el Sindico pa’ que me defienda…esta mieida no mata bacá”. Le clavó las espuelas a su caballo y comenzó a galopar sin mirar hacia atrás.

Abuela, lo que me hiciste fue “de madre”

José Francisco Núñez


Querida Mamá Monga (acuérdate que nunca te dijimos abuela), déjame decirte que no es necesario que reitere lo agradecido que he vivido de ti. Sabes que hay razones de sobra para que te exprese mi eterna gratitud.

Un día como hoy, en que me siento sumamente mal, aquejado por la pandemia de gripe que afecta al país, estoy seguro de que tu primera acción habría sido hacerme bajar aquel trago de higuereta, que me sacudía hasta lo más profundo de mis entrañas. A pesar de lo amargo que era, me lo tomaba con cierta tranquilidad, pues estaba seguro de que por lo menos una hora más tarde, tú me llevarías a la cama el tradicional “aguají” que con tanto amor me preparabas con cilantro ancho y plátano asado bien machacado.

Abuela, no tengo que repetirte cómo te agradezco el que me libraras de la pela más grande que me habría dado abuelo Papá Fabián cuando se me rompió su preciado Colín (o Collins, que fue la primera marca de machete que llegó al país). Te juro que no se de dónde se me ocurrió usarlo aquella mañana en que salió para el pueblo. No me lo vas a creer, con tan solo asomarlo a una mata de guásara quedó hecho pedazos, como queda el corazón de un hombre cuando la mujer que ama le da “layoff” inesperadamente.

Estoy seguro de que me libré de esa pela porque tú se lo pediste. El siempre te complacía en cosas como esas con tal de que tú lo perdonaras los domingos por la noche cuando llegaba a casa después de “volarte la cerca”.

Bueno, yo se que tú estás de lo más entretenida hablando con tus comadres ahí en el Paraíso y no quiero quitarte mucho tiempo.

“Resulta y sucede a ser”, como solías tú decir, que, como te dije, tengo una gripe que me está llevando el mismo diablo. También comenzó a dolerme una muela por primera vez en mi vida. Recordé aquel día en que Chale, el encargado de la finca, usó una cuerda de alambre dulce, conectó su muela de atrás a un clavo de la puerta y se la extrajo de un tirón. Te juro que, aunque como tú sabes, tengo una lengua tipo AK-47, no me siento capaz de llevar a cabo semejante hazaña.

Para colmo, acabo de tener con una amiga una refriega más grande que la que se produjo aquella madrugada del Día de la Altagracia en la casa de Juan María García, la que dejó como resultado siete personas muertas, más una chiva, que era propiedad de uno de los victimarios. ¿Te acuerdas, que al día siguiente la chiva salió berreando por la radio en El Suceso de Hoy? Por suerte, en este caso, no hubo lesionados físicamente, pues todo ocurrió casi vía satélite. No se si tú sabías que las cosas han cambiado tanto aquí abajo que uno puede pelearse “cibernéticamente”. Tú no vas a entender eso abuela.

Te diré, que además de las medicinas que he estado tomando, se me ocurrió hacer un te, o, como decíamos en el campo, una tisana. Le puse jengibre, dos limones partidos en cuatro pedazos, ajo, cebolla, hojas de naranja, limón, sábila y albahaca (para la ronquera). El pecado mortal lo cometí cuando le vacié a la olla un pote completo de miel de abeja.

Puse todo a hervir y me senté en el patio a leer, al tiempo que disfrutaba del agradable aroma que salía de la casa. La gran sorpresa me la llevé cuando, de entre la mata de mango y la de aguacate, se desprendió un enjambre de abejas, cayéndome todas encima sin mediar aviso alguno. Se parecían a la escopeta de tío Patricio, que era de “doble repetición”. Me picaron cinco y creo que una de ellas era de las llamadas africanas, pues era de mi mismo color.

Abuela, sé que yo era tu nieto de confianza, pues siempre me lo contabas todo, pero nunca me explicaste que el olor de la miel hervida llama a las abejas. Tú sabes muy bien que este Phylum, Artrópodo, cuyo nombre real es Apis mellifera y que pertenece a la familia de los Apiidae (Ápidos), puede detectar la presencia de un ser humano a kilómetros de distancia. Con lo inteligente que eres, al menos, pudiste dejarme saber que había una pequeña colmena en la mata de aguacates.

Te diré, querida Mamá Monga, que ahora estoy doblemente jodido, pues tuve que fumigar el patio y quedarme encerrado en la casa hasta que se marche la última de ellas.

Abuela, no me puedo explicar porqué estas abejas, que supongo estaban tan confortables en la mata de aguacate y la de mango, no hicieron lo que hizo Leonel Fernández, quien, sin tener que clavarle las pezuñas a nadie se quedó cómodamente “Subido en el Palo”.

Por si te sirve de consuelo, te diré que ya no le tengo miedo a los muertos como me ocurría cuando era chiquito y me metía cada madrugada en tu cama debajo de la sábana entre tú y abuelo, cada vez que me salían en pandilla. Ahora es totalmente al revés, aunque te parezca extraño, les tengo casi terror a los vivos. No a todos, pero sí a muchos de ellos, y lo malo es que tú no estás para que me protejas. Abuela, perdona la molestia y sigue descansando en paz. Se despide con amor, tu querido nieto Frank.
El éxito, cómo se mide?


José Francisco Núñez

Qué significa el éxito y cómo se mide? De Bill Gates, el hombre más rico del mundo, sabemos que ha tenido el que se puede considerar como el mayor de los éxitos en el mundo de los negocios. Desconocemos, sin embargo, si le ha ido igual en el ámbito familiar, con sus amigos o parientes más cercanos.

Sobre Mahatma Ghandy podemos decir que no sabemos si alguna vez pudo contar con alguna considerable suma de dinero que le permitiera sustentar su proyecto sin preocupaciones. De lo que estamos seguros es que tuvo uno de los más grandes éxitos al hacer realidad sus aspiraciones para lograr una sociedad un poco más equilibrada.

A sus 87 años, mi tío, Chichí, se vanagloria al enarbolar, no solo como un éxito total, sino como una verdadera hazaña, haber podido lograr ver crecer saludablemente a sus 16 muchachos procreados con la única esposa que ha tenido y contando solo con unas cuantas hectáreas de tierra y otras tantas vacas.

Jesucristo, que ni tuvo negocios, hijos, proyecto político y mucho menos, dinero, ha sido el más exitoso de todos en la historia de la humanidad, con su proyecto de liberación del hombre, el cual ha mantenido por más de dos mil años. De ahí se derivan los éxitos de personas como la Madre Teresa, Juan Pablo Segundo y muchos otros.

Etimológicamente, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, entidad que acaba de reunir en Medellín, Colombia, a los representantes de sus 22 filiales, nos ofrece tres acepciones acerca de esta mágica palabra: (Del lat. exĭtus, salida):

1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc., 2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo. 3. m. p. us. Fin o terminación de un negocio o asunto.

Hay quienes aseguran que “el éxito es un asunto personal... un estado mental" y que, “los triunfadores (o exitosos) no son personas exentas de problemas y frustraciones ni, necesariamente, más inteligentes que el promedio.

Dominicanos exitosos! Si queremos hacer honor a nuestro titular de primera plana, nadie podrá poner en duda que los dominicanos en el exterior somos, de un modo u otro, personas de éxito.

No necesariamente tenemos que comenzar dando un vistazo a lo que ocurre con nuestros peloteros de Grandes Ligas, donde el éxito es irrefutable.

Bastaría recorrer nuestro entorno para encontrar representantes de nuestra comunidad, sobre quienes, sin tomar en cuenta los recursos económicos con que cuentan, pudiéramos escribir cientos de páginas.

Contamos orgullosamente con prestigiosos médicos, enfermeras, empresarios, banqueros, artistas, diseñadores, locutores, periodistas, ingenieros, escultores, arquitectos, pintores, escritores, políticos (en el caso de New York y otras áreas); abogados, religiosos, constructores, expertos en computación, etc.

Si dejamos a un lado algunas de las cualidades que en el campo profesional pudieran enarbolar cada uno de los que componen los diferentes renglones que hemos citado, pudiéramos detenernos en el éxito que han tenido muchos padres, incluyendo madres solteras en la crianza y formación de sus hijos.

Le otorgamos a este último renglón trascendental importancia, porque no creemos que haya alguien en la vida que sienta completa satisfacción si no ha logrado tener éxito con sus hijos, no importa si han podido asistir o no a una universidad o graduarse de alguna carrera técnica.

“Los hijos pueden ser la felicidad o la desgracia de un hombre o una mujer, pues al engendrarlos, uno no sabe lo que al final le saldrá en cuanto a comportamiento se refiere”; me decía esta semana un sacerdote polaco; sin embargo, agregaba, todos quisieran tenerlos.

Independientemente de lo que hayamos logrado en la vida, ya sea en el aspecto personal, económico, profesional, social o familiar, los dominicanos que residimos en el exterior, o por lo menos la gran mayoría, estamos conscientes de que hemos hecho todo lo posible para lograr el éxito y, sea cual sea el nivel que hayamos alcanzado, debemos sentirnos más que orgullosos de nuestro esfuerzo, pues ello también es un gran mérito que merece el reconocimiento de todos.